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29/10/2011 -  Manolo García: “Las canciones convierten el mundo en un sitio más habitable”

 

El artista nos cuenta cómo ha afrontado la elaboración de Los días intactos, un trabajo en el que ha querido poner una dosis de optimismo frente a la difícil situación que viven muchas personas. “Desde que despiertas por la mañana hay que intentar echar un capote al de al lado”, asegura.

 

El último disco del artista se titula Los días intactos, un catálogo de 14 canciones -y dos versiones acústicas- que salió a la venta el pasado 25 de octubre y que en pocas horas se convirtió en Disco de Oro. Se trata de la última estación -hasta ahora- de un recorrido que se inició en 1998 con Arena en los bolsillos y prosiguió con Nunca el tiempo es perdido (2001), Para que no se duerman mis sentidos (2004) y Saldremos a la lluvia (2008).

El libro, que también está en las tiendas desde el día 25, se titula El fruto de la rama más alta. En él, Manolo García incluye reflexiones y sensaciones que unas veces toman forma de escritos y otras de dibujos y pinturas. Entre los textos también se encuentran las letras de Los días intactos. Para completar su regreso, el artista de El Poblenou ha inaugurado una exposición de algunas de sus pinturas y dibujos en el Centro Cultural de la Fundación Círculo de Lectores de Barcelona. La muestra se trasladará a Madrid el próximo mes de enero.

 

Quinto disco en solitario de Manolo García. ¿Cómo se siente a estas alturas de su carrera?

Siempre que hago un disco siento lo mismo: ilusión. Me gusta mucho mi oficio. Lo elegí conscientemente a una edad muy temprana y sigo igual. Me gustan las canciones, soy consumidor de música, estoy al tanto de lo que va saliendo, sigo escuchando discos antiguos… No tengo una discografía muy extensa, pero los discos que tengo me encantan y los sigo oyendo.

 

¿La clave es mantener la ilusión?

Sigo teniendo la ilusión del músico, la ilusión por hacer esa canción que nunca harás, la canción perfecta que nadie hará jamás. Bueno, los Beatles, los Rolling… Yo intento seguir haciendo canciones por curiosidad. Pienso si seré capaz de hacer más canciones, si estará agotada ya la veta.

 

Es cierto que en las letras de su disco se nota un discurso algo más vital. ¿Ha sido esa su intención?

Totalmente. He querido transmitir una cierta euforia, ciertas ganas de salir adelante. Hay muchísima gente pasándolo mal, con problemas de empleo. Y no podemos ser agoreros y poner más piedras para hundirnos. Al contrario, hay que aminar y decir a la gente que vamos a salir adelante entre todos. Tengo fe en la ciudadanía, en la sociedad civil. No tengo tanta fe en el cuerpo político, el empresarial o el económico. Me dan palo porque son egoístas: dinero, dinero, negocios, negocios… Ellos quieren machacar al que se ponga por delante, chuparle la sangre. ¿Eso es un negocio? Eso es una felonía, una villanía-

 

¿Entiende el malestar que se está transmitiendo desde algunos movimientos sociales?

Yo estoy con la gente. Me emociona cuando la gente sale para reivindicar algo. Yo me sumo a ese movimiento que reclama cosas absolutamente justas. Eso es lo que me da euforia y estas ganas de decir: hay que salir, hay que salir, hay que salir… Y su hay no sé cuantos millones de parados, hay que conseguir que baje esa cifra. Pero no pienso en que lo van a conseguir los políticos. Estoy un poquito cansado de su foto, de su royo. No un poquito, estoy completamente harto. Me emociona la gente que sale a la calle y me sumo a las protestas porque, en general, son justas. Lo que estamos viendo es objetivamente justo.

 

El título de su disco habla de días intactos. ¿Hay quien puede disfrutar de un día intacto?

Si tienes un buen trabajo y un entorno que funciona, claro que puede empezar el día bien. Si llevas cinco años en paro y tienes cuatro hijos, el día empieza fatal. Pero si no tienes trabajo puedes salir a la calle a quejarte. Puedes acudir a alguna puerta junto a otras personas como tú y decir: señores, que esto es injusto. No sé si será necesario que se inyecte dinero a los bancos, lo que sí es necesario es que los que podemos trabajar ayudemos a tirar adelante a los que no pueden hacerlo. Yo pido eso. Yo no quiero ayudar a los de arriba. Los de arriba ya están ayudadísimos. Eso es lo que a mí me hace pretender que los días son intactos y desde que despiertas por la mañana hay que intentar echar un capote al de al lado.

 

En su disco vuelven a salir algunas cuestiones recurrentes en su carrera: su rechazo a las prisas, al consumismo, la invención de paisajes y viajes casi oníricos…

Sí. Trato de luchar contra aquello a lo que se nos somete: prisas, consumo… Venga, todos contra todos, empujando… Aquí ya no es que el de arriba empuje al de abajo. Lo grave para mí es que el de abajo empuja al de al lado. Por ahí lo van consiguiendo. Por ahí lo van a conseguir… Remar contra corriente siempre me ha parecido un asunto vital.

 

¿Cómo se embarca Manolo García en la preparación de un disco? ¿De dónde le surge la inspiración?

Viviendo el día a día de una manera bastante callejera. Yo soy bastante gato callejero. Me interesa la vida a ras de suelo. No me interesan las alturas. Las canciones van saliendo día a día. Yo soy muy observador, una persona con muchas ganas de escuchaNo me gusta el protagonismo. Ya bastante protagonismo tengo durante unos meses. El resto del tiempo observo y aprendo. Soy aprendiz. En la calle tienes canciones. Y a pie de barra. Tú estás tomando una cerveza en un bar con un amigo y a poco que muevas la oreja como los asnos, oyes no sé qué y tienes una historia. El mundo es fascinante. El mundo, antropológicamente hablando, es alucinante.

 

Usted siempre ha comentado que la elaboración de un disco es un proceso artesanal.

Son unas mañanas y unas tardes estupendas porque estoy desarrollando un oficio que me gusta. Lo que sale es algo mágico y estupendo si te gusta hacerlo y tienes ganas. Nunca me encuentro con músicos desganados, no. Siempre hay ilusión… es estupendo. Es una suerte que tenemos los músicos. Y hay una segunda parte de esa suerte: que transmitimos esa alegría. ¿Los músicos o las canciones arreglan el mundo? No, pero lo convierten en un sitio un poco más habitable.

 

¿Y, dada su capacidad para hacer música, dibujar y escribir, cómo encauza su necesidad de expresarse hacia cada una de esas manifestaciones artísticas?

Por instinto. Yo me muevo como los animalitos del bosque. Sé que quiero hacer un disco y sé que no hay plazo, no hay límite de tiempo… No me impongo una meta, pero si quiero hacerlo tengo que ir trabajano. A partir de ahí hay una disciplina. No me abandono. Son las 9 de la mañana y, como todo el mundo, estoy en el tajo, en mi banco de trabajo, con el martillo y el destornillador… clin, clin. Hay veces que no, que estoy saturado y, como músico, tengo esa suerte de poder parar un rato y darme una vuelta para ver más clara la idea posteriormente.

 

Esta vez se ha ido a rodar a Los Ángeles con músicos veteranos. ¿Siente la necesidad de experimentar cosas nuevas en cada disco?

Es muy importante. Si te conviertes en un chef con una serie de platos estrella que funcionan y te acomodas, al final vas a aburrir o te vas a aburrir. Vas a empezar a detestar tu oficio. El reto es importante. Es inherente al ser humano. Yo soy persona de retos. Me gusta tirarme a la piscina. ¿Habrá agua?, ¿no habrá agua? ¿Estará fría? No hace falta ir a otra parte del mundo para hacer un buen disco, pero sí es necesario conocer personajes nuevos con los que colaboraSiempre aprendes, hay un intercambio de emoción musical.

 

Una vez lanzado el disco llegará la gira. ¿Tiene ganas de notar el contacto con la gente?

Me encanta salir de gira. Y como tengo la suerte de que me gustan muchas cosas, pues no me aburro. Estoy de acuerdo con quien dice que cambiar cada día de ciudad o los hoteles son un coñazo. Pero siempre hay lugares estupendos. A lo largo de los años en cada ciudad vas haciendo amigos y conociendo gente que te trata bien. Es una suerte poder hacer eso.

 

Para terminar me gustaría que dijera con qué se queda de su trabajo como artista.

Lo tengo muy claro: ver a los demás contentos. La música es una terapia. Es estupenda. Tocar unos acordes de guitarra y ver a la gente eufórica, ver a la gente durante dos horas encantada, olvidando los problemas, emocionada… para mí es emocionante. Eso es para mí lo mejor de la música, la capacidad de compartir entre todos unos instantes, unos minutos o unas horas impagables.

 

Fuente: Cadena Ser.

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