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03/10/2012 -  Entrevista: “La música es magnífica, quita la amargura de ver cómo nos apalean”

 

Manolo García actuará el sábado en la Plaza de Toros cubierta del municipio vallisoletano de La Flecha ante más de 4.000 personas.

 

– A pesar de la lumbalgia y de la apendicitis que le han aquejado este año, ¿llega al concierto en plena forma?
– Por supuesto. Quizás a partir de ahora tenga que plantearme giras más cortas, porque en el escenario no puedo ser estático, pero ya lo iré viendo. Ganas, musicalmente hablando, siempre las tengo. He estado de baja y de muy mal humor. La música es mi vida, mi ilusión, y si encima, eso aporta emociones, pues mejor. No lo voy a dejar ni por una lumbalgia ni por nada. Tengo causas para la música muy interiores, me resulta una cita magnífica, me quita malos tragos, amargura de ver cómo nos apalean, aporrean y nos mantienen a raya con el miedo y con la mierda de la economía. La música es vital, y sin ella, no puedo vivir.

 

– ¿Es consciente de lo privilegiado que es: hace lo que quiere, disfruta de ello y le va bien?
– Sí, lo agradezco cada día porque es lo que yo he elegido, lo que decidí con 14 años. He vivido con ese salvavidas que para mí ha sido siempre la música, un salvavidas para alejar el gris de los días que a veces nos invade a todos.

 

– Los días intactos, el título de su último y quinto disco en solitario, son esos en los que aún no le ha agredido la realidad. ¿Huye de ella?
– No, la afronto con valentía, a pecho descubierto. La música es una coraza estupenda para lanzarte a la lucha cruenta pero pacífica del día a día. La música es un don de los dioses, una religión.

 

– Tampoco pretende cambiar el mundo con su música…
– No, sería un majadero si lo pensara. Eso es imposible, primero porque el mundo es un lugar, desde que tenemos noticia de él, desarreglado a la vez que magnífico. Y es que nuestra presencia es un elemento perturbador, extraño, con una parte de demonios y otra de ángeles. Para algunas cosas somos magníficos, y para otras, somos muy asnos. Pero hay que quedarse con lo bueno, merece la pena la existencia y hay que aprovecharla.

 

– Siempre se ha mostrado pesimista con el mundo que le ha tocado vivir. ¿Cómo vive la crisis actual?
– Es una salvajada lo que estamos viviendo, es de locos que los intereses de cuatro personas tengan en jaque a todo un continente y hagan malvivir a millones de personas y entrar en un pozo sin fondo de depresión, tristeza, angustia, de no poder llegar a fin de mes. Algo está mal en estas formas de gobierno y estas normas y zarandajas, porque el resultado es solo beneficioso para unos pocos. Es muy injusto y soy pesimista, pero no derrotista, porque todo tiene arreglo. También hay otro tema muy gordo, y que está por encima, que es el cambio climático. En unas décadas, la crisis que estamos ahora atravesando quedará en mantillas, pero si se cambiara el modo de vida y la forma de estar en este planeta y se regenerara el sistema, se abrirían muchas posibilidades para dar vía libre a este callejón sin salida, donde ahora, hoy por hoy, solo se habla de constreñir y machacar, y no de buscar nuevos modelos de intercambio y de trabajo.

 

– Como catalán, ¿se siente identificado con el movimiento independentista?
– Hay una dualidad en mi vida, soy catalán de nacimiento y de afinidad y cariño a esta tierra donde me he criado y vivo. Pero también tengo mi parte de Murcia, de donde procede mi familia, y me he quedado en ciudadano del mundo. Entiendo que es una idea respetable la de quienes desean un estado propio, otra cosa es si se va a hacer y cómo. Y es que las fronteras son puntuales en el tiempo, han cambiado a lo largo de la historia, y nada es imposible si se hace de forma democrática, pacífica y con un consenso general. Porque la democracia sirve para dar libertad a la gente para opinar y decidir, y todo es posible dentro de un punto de razonamiento y de racionalidad.

 

– ¿Tiene aparcada hasta el final de la gira la creación de nuevas canciones?
– El trabajo de creación, tanto de hacer canciones como de pintar, es cuando llega. La gira significa aviones, trenes, hoteles, y el cuerpo se cansa, pero también hay días descansados y te apetece tocar, componer y escribir. Y yo no paro, pero lo importante es no querer sacar canciones a machamartillo, porque nunca llaman a la puerta, sino que llegan de forma suave y casualmente. Pero tiene que haber tiempo, callejear, escuchar y relacionarte con gente ajena a tu mundo. Eso te da canciones y ganas de compartir esos nuevos hallazgos.

 

– ¿El último disco se parece más al primero al menos porque no ha experimentado con músicas de otros lugares?
– Son diferentes etapas y momentos, quizá de la mano de los acontecimientos que vivimos. Y fruto de esa observación, sale un sentimiento de rabia e indignación, que uno también tiene. Quizá el disco ha salido más rockero por eso, dando más ponderancia a las guitarras, con un sonido más duro donde antes investigaba música de Grecia o de Brasil.

 

– Qué significa un exitoso quinto título (triple disco de platino) en una carrera en la que ya no tiene nada que demostrar?
– Significa la posibilidad de un nuevo discurso, porque no eres el mismo, siempre hay una persona nueva en tí, un nuevo camino por desbrozar, por ir avanzando y la música te ofrece esa posibilidad. Hago canciones por una necesidad de contar y cada disco es eso. No significa vender más discos, además en el tiempo que estamos lo de vender discos es como una broma. Es importante no claudicar ante la rutina, sería una derrota, hay muchas cosas por hacer, como alejarte de ti mismo y pensar en los otros, al menos haciéndoles compañía. Y hacer canciones y ofrecerlas es una forma de ello, algo de lo que no te puede privar ningún decreto, orden ni político.

 

– ¿Qué diferencias encuentra entre el cantante de El Último de la Fila y el actual?
– Como músico, quiero pensar que algo he aprendido y que he entrado en una etapa en la que quiero seguir aprendiendo. No hay diferencias en el sentido del entusiasmo por la música, por convivir durante horas en los conciertos con gente que comparte con la música. Pero ahora, además, el interés me ha crecido, porque no puedo vivir sin música, es para mí una pasión. No soy más escéptico ni estoy más desengañado de la industria del disco que antes, porque nunca me ha mostrado un camino dorado, he sabido siempre lo que era. Pero lo que me ha dejado sorprendido, como a todo el mundo, es este vuelco de la situación, que los discos desapareciesen así de nuestras vidas e Internet entrase de esta forma.

 

– ¿Pero siempre se ha mostrado muy reacio a que se utilicen sus canciones?
– Lo he aceptado, paso página y pelillos a la mar. Al final, lo que me interesa es seguir haciendo canciones y me da igual que se las bajen, que las compren o que me las roben. Si al final, tampoco son mías, a mí me las tira San Pedro por un tubo (se ríe). Si una semana me porto bien, me manda una canción, y si no, no me envía ni una. Me niego a hacer un polífono de móvil o canciones para un anuncio, tengo mi orgullo de músico, mi única fuente de ingresos es cantar y vender discos. He mandado cartas a la SGAE, me he quejado, pero como hacen lo que les da la gana… Desde joven he creído que el mundo consumista nos llevaría a situaciones chungas, y el tiempo me está dando la razón.

 

Fuente: El Norte de Castilla

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